Polonia, en deriva autoritaria

El país se encuentra en el punto de mira de la Unión Europea por amenazar el Estado de derecho al tratar de poner el control judicial bajo control del ejecutivo.

En Polonia, como en Hungría o Noruega, gobiernan partidos antimigración. En este caso, más próximo a Hungría, geográficamente y por su historia reciente, Polonia está en una deriva autoritaria e iliberal. El país se encuentra en el punto de mira de la Unión Europea por amenazar el Estado de derecho al tratar de adoptar una ley que pondría bajo control del ejecutivo al poder judicial. Sería la primera vez que la Unión Europea invocara el procedimiento del artículo 7 del Tratado de la Unión Europea por graves incumplimientos de los principios fundamentales de la Unión (Art. 2 TUE), cuya última consecuencia sería anular su derecho a voto en el seno del Consejo.

Tras la ocupación nazi y soviética al final de la Segunda Guerra Mundial, en 1944 se formó un gobierno provisional que acabaría como satélite de Moscú y sería bautizado como República Popular de Polonia en 1952. En 1980 se formó el sindicato independiente Solidaridad (Solidarność) que acabó convirtiéndose en partido político y liderando las revueltas que dieron paso al cambio de régimen y ganando las primeras elecciones parlamentarias parcialmente libres y democráticas desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El movimiento Solidaridad fue la vanguardia del colapso del bloque comunista y su dirigente, Lech Walesa, se convirtió en Presidente de la flamante III República de Polonia.

La Segunda Guerra Mundial

Hasta la Segunda Guerra Mundial, Polonia era una sociedad religiosamente diversa, en la que coexistían una importante comunidad judía (10% de la población polaca antes de la Shoah y cuna del judaísmo jasídico), cristianos ortodoxos, protestantes, cristianos armenios y católicos romanos. Como resultado de la devastación del Holocausto y la expulsión de las poblaciones alemanas y ucranianas, Polonia pasó a ser en su gran mayoría católica romana y así permanece hasta hoy. El largo papado (1978-2005) de Juan Pablo II (Karol Józef Wojtyła), fue crucial en la caída del régimen comunista. El catolicismo es un pilar fundamental de la identidad nacional polaca y siempre jugó un papel de guardia cultural en las luchas históricas por la independencia. De sus 38.476.269 habitantes (datos de julio de 2017) el 87,2% son católicos.

En los años 90, Polonia se transformó en una economía de mercado con la consiguiente caída en el nivel de los estándares sociales y económicos, pero con una profunda mejora de los derechos humanos, civiles y políticos. En 1991, Polonia ingresó en el Grupo de Visegrado, en 1999 en la OTAN, en 2004 en la Unión Europea, en 2007 en el Espacio Schengen (siendo frontera exterior de la UE con Rusia, Ucrania y Bielorrusia).

Desde 1991, el multipartidismo polaco se instaló en la vida política. Los partidos políticos de izquierda provenían en su gran mayoría de excomunistas reformados en socialdemócratas, mientras que los de derechas derivaban del movimiento Solidaridad.

Polonia participa activamente en la comunidad internacional

Tras la presidencia de Lech Walesa (1990-1995), Aleksander Kwaśniewski (Alianza de la Izquierda Democrática) fue presidente durante una década (1995-2005), años fundamentales para la apertura de Polonia como actor internacional (ingresa en la OTAN y en la UE), firmando el proyecto de la nueva constitución (1997) e introduciendo supuestos en la ley antiaborto. En las elecciones de 2005, ganó en primera vuelta el alcalde de Varsovia, Lech Kaczyński, frente a Donald Tusk (hoy Presidente del Consejo Europeo y entonces líder de Plataforma Cívica). Lech Kaczyński falleció trágicamente (junto a 89 altos funcionarios y políticos como el senador Jerzy Szmajdziński, precandidato presidencial por la Alianza de la Izquierda Democrática) en un accidente de aviación en Smolensk (Rusia) el 10 de abril de 2010, cuando se dirigía a la conmemoración de las víctimas de la masacre de Katyń.

Bronisław Maria Komorowski presidió entonces Polonia (sucediendo al fallecido Lech Kaczyński) entre 2010 y 2015, y en las últimas elecciones, Andrzej Duda, sucesor de Kaczyński en el PiS, ganó en una reñida segunda vuelta la presidencia del país. Duda es un euroescéptico, contrario a la moneda única y de ideología nacional conservadora. Ese mismo año 2015 supuso un giro a la derecha del panorama político polaco, al ganar el Partido Ley y Justicia los comicios por mayoría absoluta en ambas cámaras y acabar con ocho años de gobiernos liberales. La campaña estuvo salpicada de temas que propulsaron el nacionalismo más furibundo: la crisis de refugiados, la lucha contra el expansionismo de Rusia, la independencia de Ucrania, la crisis económica y la deriva euroescéptica.

Composición actual de la política polaca

Hoy Polonia es un país profundamente conservador. Tan solo 62 diputados de los 460 escaños parlamentarios son socialdemócratas, y el resto lo ocupan partidos conservadores, desde cristiano demócratas a extrema derecha.

En diciembre de 2017, el anterior ministro de finanzas, Mateusz Morawiecki, se ha convertido en el nuevo Primer Ministro de Polonia sucediendo a Beata Szydło. Detrás de esta maniobra, estaría el deseo de un cambio de imagen más acorde con una política de apaciguamiento con Bruselas. No obstante, Morawiecki ya ha anunciado que no hará cambios en su gabinete, tras el que se sigue escondiendo el radical Jaroslaw Kaczynski (hermano del fallecido) que gobierna hoy el país sin apenas oposición en el parlamento.

Desde que el PiS gobierna, Polonia ha caído 36 posiciones en el ranking de libertad de medios (escandalosos despidos de periodistas en emisoras públicas, presiones financieras sobre medios privados, propaganda progubernamental en medios públicos, financiación de medios afines como el Gazeta Polska etc). Reporteros Sin Fronteras y Human Rights Watch ha pedido a la UE sanciones para el gobierno por graves violaciones de la libertad de prensa y el pluralismo, como amenaza no solo en el plano interno sino a los valores que representa la propia UE.

La inmigración en Polonia

Polonia, con tan solo el 1,63% de la población inmigrante según datos de 2016, lidera hoy junto a Orbán y sus socios del grupo de Visegrado, la cara más intolerante contra la inmigración.

La tensión con Bruselas no se limita a la reforma del poder judicial, sino que se ha agudizado con el tema migratorio. La ex primera ministra, Beata Szydło, en una alocución al parlamento, atacó duramente a Bruselas por la política de reubicación de refugiados y prometió que Polonia no será «chantajeada» por la UE, aduciendo que todo es un problema personal de Timmermans (vicepresidente de la Comisión Europea) con Polonia. Esta deriva eurófoba por parte del PiS parece interesada y en línea con el argumento de la amenaza intrusista de las élites extranjeras que también utilizaron Trump u Orban, y que acaba por dirigirse contra los inmigrantes y en especial contra los musulmanes. Una encuesta publicada por el portal Onet mostró que el 70% de la población está en contra de aceptar refugiados de países musulmanes.

El Gobierno polaco defiende que la política migratoria compete a los Estados-nación y ha optado, al igual que Chequia y Hungría, por negarse a aceptar a refugiados según el plan de reubicación de la UE. El conjunto de miembros del Grupo de Visegrad ha reubicado a tan solo 28 refugiados en total, de los 11.069 que le corresponden.

PARTIDOS POLÍTICOS Y POSICIÓN RESPECTO A LA INMIGRACIÓN

Polonia es una república parlamentaria según la Constitución de 1997. El Presidente de la república es elegido cada cinco años por sufragio universal directo. Este nombra un Primer Ministro, que elige a los miembros del gobierno. El Primer Ministro y su Consejo de Ministros deben ser aprobados por la Dieta (Sejm). El Parlamento es bicameral (con una Asamblea Nacional/Sejm o cámara baja con 460 diputados) y un Senado (100 miembros), que se renueva cada cuatro años. El umbral de representación parlamentaria es el 5%

Partido Ley y Justicia (PiS)

Creado en 2001 por los gemelos Lech y Jaroslaw Kaczyński, es un partido populista de derechas, nacional-conservador y ultracatólico. Con 234 (de 460) escaños en el Sejm y 57 (de 100) en el senado gobierna Polonia con mayoría absoluta en ambas cámaras.

El partido está hoy liderado por Jaroslaw Kaczyński (quien también dirige el Gobierno en la sombra), con un programa duro de ley y orden basado en aumento de penas y restablecimiento de la pena de muerte, la lucha contra la corrupción y un euroescepticismo combativo. Apoyan una economía social de mercado, con políticas proteccionistas que han dejado atrás su liberalismo originario. Profundamente católicos, se oponen a la eutanasia o al matrimonio entre personas del mismo sexo. El PiS tiene 16 europarlamentarios y pertenece al Grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR).

A pesar de las críticas europeas e internacionales, el apoyo al PiS no solo se mantiene sino que aumenta, y ello se debe, entre otras razones, a su enfoque económico intervencionista, con fuertes programas asistenciales que tiene desconcertados a los partidos de izquierdas, como el de otorgar pagos mensuales e incondicionales de más de 100 euros por hijo a las familias con más de un hijo (y a las de un hijo con bajos ingresos).

El control sobre el poder judicial

Como líder de facto de Polonia, Kaczyński ha promovido la controvertida reforma para aumentar el control gubernamental sobre el poder judicial apoyado por su mayoría absoluta en ambas cámaras. La reforma judicial del PiS, por la que se ejerce un mayor control sobre el poder judicial, no solo va contra el Estado de derecho, sino que además es discriminatoria (introduce edad de jubilación diferente según sexo: 60 años para las mujeres y 65 para los hombres) y pone en manos del ministro de Justicia el poder de prolongar el mandato de los jueces que han alcanzado la edad de jubilación.

Tras el veto parcial a la reforma por parte del Presidente Duda (correligionario del PiS) en respuesta a las protestas callejeras y a la reacción de Bruselas, Ley y Justicia pretende ahora intervenir en la esfera cívica para “restaurar el orden moral” y, entre otras medidas, anunció la “descentralización” de los medios de comunicación sin dar detalles pero sugiriendo restricciones en la propiedad extranjera de los medios de comunicación privados.

El PiS ha sido también acusado de antisemita, al coincidir incidentes antisemitas (donde se exhiben banderas del PiS junto a eslóganes fascistas) con la suspensión de comunicaciones del gobierno polaco con los representantes oficiales de la comunidad judía, o el mensaje del diputado Bogdan Rzońca en redes sociales que decía: «me pregunto por qué, a pesar del Holocausto, hay tantos abortistas entre judíos».

Kaczyński, ha llegado a acusar al Presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, de tener alguna responsabilidad en la muerte de su hermano, y personaliza en él todos los males de Polonia frente a Bruselas, preparando el camino para un futuro enfrentamiento electoral entre ellos a partir de 2019, fecha en que termina su mandato como presidente del Consejo y podrá de nuevo entrar en la competición electoral.

La retórica antimigrante

El PiS, y Kaczynsky a la cabeza, utilizan la retórica antimigrante y han llegado a acusar a los extranjeros de causar “epidemias”, debido a “varios parásitos y protozoos, que no afectan a sus organismos, pero que podría ser peligroso aquí”.

El Defensor del Pueblo polaco desde 2015, Adam Bodnar, ha advertido de que el discurso de odio contra los extranjeros ha aumentado en los últimos tiempos al igual que las palizas «raciales», que ya ocurren en un promedio de una por semana. Asimismo, ha señalado una oleada extraordinaria de odio en internet en la que los haters no dudan en aparecer con su propio nombre. El periódico polaco Gazeta Wyborcza está considerando cerrar su sección de comentarios debido al alto número de comentarios racistas sobre artículos relacionados con inmigración o la crisis de los refugiados. Según Bodnar, “los temores, difundidos por ciertos partidos políticos sobre los refugiados, están alimentando comentarios racistas en Internet, y esto no ha sido firmemente condenado«.

El verdadero problema es que el gobierno y el PiS permanecen en silencio ante el creciente odio racial y en particular hacia el Islam que viene experimentando Polonia desde 2016. Pese a las denuncias del defensor del pueblo y de las oenegés antirracistas, nadie se opone a la violencia xenófoba y al surgimiento de grupos extremistas de derecha. El ministro del Interior Mariusz Blaszczak llegó a justificarlo, con motivo de una agresión a una tienda de kebab, porque los polacos tenían «miedo del Islam debido a los ataques terroristas en Europa Occidental». El Observatorio de comportamientos racistas y xenófobos, oenegé independiente, llegó a denunciar ataques dirigidos contra polacos por confundirlos con árabes por su “apariencia sureña”.

El auge del extremismo

Konrad Dulkowski de la ONG antirracisya Trzy Rzecze ve una clara correlación entre el aumento de esta tendencia con la llegada de Ley y Justicia al poder. Según este, el Gobierno está tratando de encubrir el hecho de que aquellos a los que alentó con el odio al extranjero durante la campaña electoral de 2015, están ahora fuera de control. Durante la campaña del PiS, se amenazó con que los refugiados traerían epidemias y violarían a las mujeres polacas, se calificó al Islam de «un gran peligro» y se vinculó sin rubor la ola de refugiados con los atentados de París y Bruselas.

Con motivo de la celebración del Día de la Independencia polaco, el 12 de noviembre de 2017, decenas de miles de polacos se manifestaron en Varsovia con consignas y pancartas antisemitas, racistas, xenófobas, ultranacionalistas y homófobas como «Europa será blanca o deshabitada», “La Europa blanca de las naciones fraternas», «sangre clara, mente sobria» o «no al Islam». En respuesta a esta marcha, el Ministro de Interior, Mariusz Blaszczak, lejos de condenarla , se limitó a apuntar que no hubo incidentes y amonestó al periodista que le preguntaba diciéndole: «es solo su opinión, porque se comporta como un activista político«.

Según parece, el PiS no tendrá problema en mantener el poder en Polonia en unas futuras elecciones y lo hará jugando la baza del nacionalismo, las esencias del pueblo amenazado y la seguridad, como fin que justifica el autoritarismo y la xenofobia.

Plataforma Cívica (PO)

La Plataforma Cívica (Platforma Obywatelska, PO) es el principal partido político de la oposición, en el centro/centroderecha ideológico. Fundado en 2001, entre otros por Donald Tusk (actual Presidente del Consejo Europeo), es conservador moderado, liberal, europeísta y democristiano. Tiene 138 escaños en Sejm, 34 senadores y 19 europarlamentarios integrados en el Partido Popular Europeo.

Su electorado medio es urbano, lo forman profesionales, académicos, empresarios, con mayor logro educativo que el del PiS, y que en general están de acuerdo con la integración europea, la protección del medioambiente o un mayor secularismo de la sociedad polaca.

Critican la deriva xenófoba del gobierno pero no es un tema prioritario. Como partido de Gobierno antes de la llegada del PiS, en 2015 acordaron en el Consejo Europeo el plan de reparto comunitario de demandantes de asilo para Polonia.

Kukiz’15

Kukiz’15 se fundó en 2015 para dar continuidad al movimiento Kukiz, que obtuvo el 21% de los votos en las pasadas elecciones, convirtiéndose en el tercer partido en número de votos y en la sorpresa del parlamento. Es calificado por algunos como derecha populista y su líder es un músico punk (Paweł Kukiz). Uno de sus lemas es “destruir la partitocracia”. Es popular entre los jóvenes, que le votaron en un 42% entre los votantes de 18 a 29 años. Está muy vinculado con el Movimiento Nacional (de extrema derecha) al que pertenecen 42 de sus 43 parlamentarios.

Kukiz es un movimiento profundamente xenófobo e islamófobo, utilizó material gráfico electoral agresivo contra los refugiados y llegó a anunciar como parte de su programa la convocatoria de un referéndum denominado Stop Refugiados para revertir la decisión del anterior Gobierno de acoger 7.000 refugiados.

Moderna (NowoczesnaPL)

Partido liberal, centrista y europeísta fundado a finales de 2015 por el economista Ryszard Petru. Obtuvo el 7,6% de los votos en las elecciones parlamentarias ganando 28 escaños en el Sejm y convirtiéndose en la cuarta fuerza política.

Partido Campesino Polaco (Polskie Stronnictwo Ludowe, PSL)

Después de la caída del comunismo en 1989, este partido, junto a varios miembros del grupo Solidaridad, formaron el primer gobierno no comunista en 42 años y en 1990 el partido cambió su nombre al actual PSL. En el actual parlamento tiene 16 escaños y un senador y también gobierna en cuatro de las 16 provincias polacas.

Es un partido de base agraria, que defiende el proteccionismo económico por parte del Estado (especialmente en la agricultura), y una privatización limitada. Conservador en lo moral, y tradicionalmente rural donde tiene su granero de votos, no tiene mucha representación en ciudades y zonas mineras.

Minoría Alemana (Mniejszość Niemiecka, MN)

Tienen un diputado en el Sejm en representación de la comunidad alemana en el país. Apoyan la integración europea, el desarrollo de la región de Silesia, y a las minorías.

Conclusión

La transformación de Polonia en un régimen autoritario que controla el poder judicial y lo puede utilizar para amedrentar y desprestigiar a la oposición de cara a las próximas elecciones (locales en 2018 y parlamentarias en 2019) parece imparable.

En la misma senda que Viktor Orbán en Hungría, el uso de la retórica xenófoba e islamófoba es muy útil para ocultar el desmantelamiento de derechos democráticos (restringiendo libertades y derechos políticos, aumentando la paranoia terrorista, controlando los medios, incrementando las competencias policiales frente a las judiciales y, en definitiva, desactivando la democracia en su conjunto).

Lo peor es que todo parece quedar impune, ya que el castigo no vendrá del electorado (que le apoya) y está por ver si vendrá de Bruselas, que necesita unanimidad para llevar a cabo el procedimiento de infracción (que tendría que incluir el voto de Orbán).

Este artículo forma parte del informe Antimigración. El auge de la xenofobia populista en Europa, un porCausa Análisis actualizado en febrero de 2018 que puede consultarse y descargarse aquí.

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